20 septiembre 2015

Mi color favorito es verte, de Pilar Eyre


Excesiva, exagerada, cansina, banal y superficial. Así me ha resultado esta novela de lectura perfectamente prescindible. Según su autora está basada en una experiencia personal, pero la cuenta tan mal que al lector se le hace difícil conseguir terminarla. La historia es bien sencilla y con un final bastante vulgar: no se entiende para qué la autora da tantos rodeos y para qué degrada a su protagonista, que cae tan bajo por haber tenido tres días de pasión con un desconocido. El argumento gira en torno a Pilar, una escritora de segunda fila, que se enamora perdidamente de Sebastián Pagés, un corresponsal de guerra, con el que mantiene encuentros amorosos durante tres días al cabo de los cuales él desaparece. Pilar pierde totalmente el rumbo, se deprime, intenta superar la pérdida ahogando sus penas en alcohol, contándoselo miles de veces a sus familiares, amigos y conocidos a los que aburre, recurriendo a internet y a detectives privados para localizarlo. Al final lo consigue -para alivio de los lectores- y se da cuenta de que todo era una farsa. Ni la trama, ni los personajes, ni el pretendido y artificioso sentido del humor de que hace gala consiguen encauzar la narración. Si esta novela fue la finalista del Premio Planeta 2014, no quiero ni imaginarme cómo eran aquéllas con las que compitió.

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