Excesiva, exagerada, cansina, banal y superficial. Así me ha resultado esta novela de lectura perfectamente prescindible. Según su autora está basada en una experiencia personal, pero la cuenta tan mal que al lector se le hace difícil conseguir terminarla. La historia es bien sencilla y con un final bastante vulgar: no se entiende para qué la autora da tantos rodeos y para qué degrada a su protagonista, que cae tan bajo por haber tenido tres días de pasión con un desconocido. El argumento gira en torno a Pilar, una escritora de segunda fila, que se enamora perdidamente de Sebastián Pagés, un corresponsal de guerra, con el que mantiene encuentros amorosos durante tres días al cabo de los cuales él desaparece. Pilar pierde totalmente el rumbo, se deprime, intenta superar la pérdida ahogando sus penas en alcohol, contándoselo miles de veces a sus familiares, amigos y conocidos a los que aburre, recurriendo a internet y a detectives privados para localizarlo. Al final lo consigue -para alivio de los lectores- y se da cuenta de que todo era una farsa. Ni la trama, ni los personajes, ni el pretendido y artificioso sentido del humor de que hace gala consiguen encauzar la narración. Si esta novela fue la finalista del Premio Planeta 2014, no quiero ni imaginarme cómo eran aquéllas con las que compitió.
Precioso homenaje a los maestros rurales que ejercieron su profesión en España durante la República. Es la segunda vez que leo este libro y me ha vuelto a emocionar. Los docentes que hemos elegido esta profesión por vocación -como es mi caso- empatizamos inmediatamente con Gabriela, la protagonista, que disfruta con los pequeños logros de sus alumnos:
Cada día surgía un nuevo obstáculo y, a la vez, el reto de resolverlo. Los niños avanzaban, vibraban, aprendían. Y yo me sentía enardecida con los resultados de ese aprendizaje que era al mismo tiempo el mío.
A la vez que nos asombramos de las dificultades que encontraba en su trabajo, tales como la escasez de recursos, la ignorancia, los prejuicios o las injerencias; y de cómo se las ingeniaba para resolverlas.
El argumento es el siguiente: Gabriela, una joven maestra que obtiene su título en 1923, trabaja en diversos pueblos de España y en Fernando Poo (Guinea), que fue colonia española. Vuelve a España, se casa con Ezequiel, maestro rural como ella, y tienen una hija. Juntos luchan por una educación igualitaria y libre, ella directamente con los alumnos y él dedicándose, además, a la política activa. Los sueños de ambos se verán truncados en 1936 cuando el nuevo régimen acaba con la República y mata a Ezequiel.
En la obra aparecen algunas de las grandes aportaciones de la República a la enseñanza: las Misiones Pedagógicas, en las que participaron, entre otros, Federico García Lorca y Alejandro Casona (grupos de estudiantes y artistas que se desplazaban a los pueblos más remotos para llevar la cultura a sus habitantes sumidos en la ignorancia y el analfabetismo); y también la coeducación y la alfabetización de adultos.
El estilo es ameno, de lectura fácil y fluido. La obra está estructurada en tres partes: El comienzo del sueño, El sueño y El final del sueño. Y en ella se tratan diversos temas: la educación, la ignorancia, el analfabetismo, la miseria, la radicalización política, la situación de la mujer, el miedo. Lectura imprescindible.
En el vídeo aparece una errata: Translado a León en lugar de Traslado a León. Aún así, merece la pena verlo.
Este libro recoge las lecciones de literatura dictadas por Julio Cortázar en el curso que impartió en Berkley en octubre y noviembre de 1980. Es una verdadera gozada poder seguirlo unos años después, ya que su contenido está absolutamente vigente. No solo habla de sus obras, cómo fueron concebidas y con qué intenciones, sino que lee algunos fragmentos de ellas sobre los que reflexiona y con los que intenta responder a las preguntas de sus alumnos, con los que establece un diálogo cercano y sincero. Además, hace un recorrido por la literatura universal utilizando como ejemplos de sus afirmaciones títulos y autores por todos conocidos, ya sean latinoamericanos (Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Jorge Luis Borges, Miguel Ángel Asturias, Pablo Neruda, José Martí, Octavio Paz), españoles (Ramón Gómez de la Serna, Luis de Góngora, Francisco de Quevedo, Miguel de Unamuno), anglosajones (Joseph Conrad, DH Lawrence, Oscar Wilde, Edgar Allan Poe), franceses (André Gide, Jean Paul Sartre François Mauriac), alemanes (Thomas Mann), checos (Franz Kafka, Reiner Maria Rilke), clásicos (Aristóteles, Virgilio), etc. Trata temas muy diversos relacionados con la creación literaria tales como la diferencia entre lo realista y lo fantástico, el tiempo, el folclore, el erotismo, los cuentos, las novelas, la musicalidad, el humor, lo lúdico en la literatura y el compromiso del autor con las circunstancias políticas que le rodean.
Mientras recorre sus páginas el lector disfruta con lo que lee, ya que todo está expresado con sencillez y claridad que hacen más amena la erudición que destilan. Un curso magistral al que cualquiera de nosotros habría estado encantado de asistir. Lectura imprescindible para los amantes de la literatura.
Insistiendo en la entrada anterior en la que nos referíamos a la situación en que diferentes comunidades autónomas españolas están dejando el español o castellano por mor del nacionalismo, reproduzco una anécdota que le atribuyen a Jorge Luis Borges y que fue recordada por Julio Cortázar en el curso que impartió en Berkeley en 1980:
Un indigenista -o seaun folcloristametido a fondo con los problemas de los indígenas- le dijo un día a Borges que había que luchar contra el idioma español porque era un idioma de colonización y de conquista y que había que volver a las lenguas indígenas. Entonces Borges le dijo: "Muy bien, pero usted ha escrito tres libros; en vez de escribirlos debió haber hecho quipus" (los cordeles con nudos que eran la única escritura de los incas).
En estos tiempos en los que el español o castellano ha quedado marginado en algunas comunidades autónomas de nuestro país, España, en las que se ha pasado del bilingüismo a la diglosia (Cataluña, Baleares, Comunidad Valenciana, País Vasco, Navarra, Galicia), resulta gratificante recordar las palabras con las que Julio Cortázar respondió a una alumna en un curso que impartió en Berkeley en 1980:
ALUMNA: - Una última pregunta: ¿en qué escribe usted, en español o castellano, o en francés?
JULIO CORTÁZAR: -No, no, creo que los que han leído o han oído algunos fragmentos de estos cuentos se darán cuenta de que no están traducidos. Escribo y escribiré toda mi vida en español; el francés lo guardo para la correspondencia cuando tengo que escribirle a algún francés. El español es mi lengua de escritor y hoy más que nunca creo que la defensa del español como lengua forma parte de una larga lucha en América Latina que abarca muchos otros temas y muchas otras razones de lucha. La defensa del idioma es absolutamente capital. Si hay un espectáculo penoso es el de latinoamericanos que al cabo de muy poco tiempo en un país extranjero permiten que su idioma se degrade y el segundo idioma comience a entrar; hay una excepción a esto que estoy diciendo y es el caso de las gentes de un nivel mínimo de educación, porque no se les puede exigir de ninguna manera que tengan un control crítico de su lenguaje [...] Volviendo a su pregunta, que me ha ofendido un poco, dicho sea de paso: mi lengua es el español y lo será siempre.
¡Qué diferente es una novela escrita por un escritor a una novela escrita por un periodista! Esta es una gran verdad con honrosas excepciones. La novela que nos ocupa no es una de esas excepciones. En literatura, como todos sabemos, no es tan importante el qué se dice, sino el cómo se dice; y en este relato, la autora falla estrepitosamente en la manera de contar su historia, de tal modo que parece un reportaje o una crónica periodística en lugar de una novela. El hilo argumental resulta muy endeble: Muriel, una fotógrafa recibe un premio por su trabajo y su hijo va a elaborar un vídeo con testimonios de ella y de sus compañeros de oficio con el objeto de proyectarlo en la ceremonia de entrega del premio. Para ello, se entrevista con su madre, que no le cuenta toda la verdad sobre sus circunstancias personales durante la época en que trabajó en el periódico El Hispano, en la que estuvo enamorada de un compañero de trabajo, Tanis, y con amigos y compañeros de ésta, que cuentan su propia versión sobre los hechos que ocurrieron entonces. Ni los personajes (Muriel, su hijo Malik, Bashir, Tanis, Carmela, Pedro, Anita), ni el lenguaje -no aparece una sola figura literaria-, ni la técnica empleada -si es que emplea alguna- logran construir una buena novela. Además de los personajes creados por la autora, aparecen personajes, lugares y acontecimientos reales con los que intenta contextualizar su pretendido homenaje a una generación que vivió los últimos estertores de la dictadura franquista: Yves Montand, Jorge Semprún, Costa Gavras, el Café Gijón, Fidel Castro,Yasser Arafat, la OLP, Atahualpa Yupanki, etc. En resumen, una novela para leer en vacaciones, que no entiendo cómo ha recibido un premio literario -El Premio Fernando Lara 2014- si no es por razones puramente comerciales.
Como curiosidad, destaco la mención que hace la protagonista de su paso por Maspalomas, una de las mejores playas de nuestra isla, Gran Canaria, famosa por sus dunas:
Cuando era niña mis padres me llevaron un verano a Maspalomas a ver las dunas y, desde entonces, soñaba con viajar al desierto más grande del mundo. Por fin, iba a conocerlo.
Extraordinaria. Este es el calificativo que merece En la orilla, de Rafael Chirbes, novela que obtuvo el Premio Nacional de la Crítica 2014 y el Premio Nacional de Narrativa ese mismo año. Confieso con cierto rubor que no había leído nada de este autor y que, a raíz de su reciente fallecimiento, busqué una de sus obras en la biblioteca a la que suelo acudir. De este modo llegó a mis manos esta novela realista (más bien hiperrealista, diría yo) que me ha fascinado de principio a fin. Ha atrapado mi atención no solo por los temas que trata, sino por la manera que tiene de contar la historia con la que se ocupa de ellos. El principal de todos es la crisis, el fin de la época del ladrillo o de la burbuja inmobiliaria; pero la novela no se reduce a esto, es mucho más: la desesperanza que provoca el ser humano cargado de miserias -egoísmo, interés, explotación, engaño, afán por presumir de las riquezas, falsa humildad, cobardía, envidia, celos, etc.-, las ilusiones, la inercia o el dejarse llevar en la vida, la necesidad de trepar a costa de lo que sea, los favores, la maledicencia, la inmigración, el paro, la familia, la amistad, la enfermedad, el desengaño, la vejez... Y como telón de fondo el marjal, el pantano, testigo de las sucesivas etapas de la historia de ese entorno donde se desenvuelven los personajes. El autor demuestra maestría en el dominio del lenguaje y en el uso de las técnicas narrativas, ya que no se conforma con el uso de la tercera persona de un narrador omnisciente, sino que recurre a los monólogos (utilizando en ellos la primera y la segunda persona) y a los diálogos; a las anticipaciones y retrospecciones; y realiza unas descripciones minuciosas que revelan una asombrosa capacidad de observación de la realidad que le rodea, a las que añade un peculiar toque de ironía:
Se ha hecho así siempre y se ha hecho hoy; nosotros mismos hemos adquirido ese privilegiado estatuto, el espejismo de que todos somos señores: en remotas naves industriales los obreros matan y despellejan y descuartizan y tazan y envasan los animales que consumimos una vez convertidos en objetos aceptablemente asépticos: filetes de color rosa , que más parecen salmón que ternera gracias a esas sustancias que les echan para que la carne no se oscurezca y resulte atractiva a la vista (sí, atractivo un cadáver despiezado, un cadáver descoyuntado como los que han sufrido el efecto de una deflagración): morcillos, chuletas y chuletones, entrecots, paletillas, muslitos y pechugas de pollo, metidos en alguna cajita blanca de poliuretano envuelta en papelfilm transparente, todo lo impoluto que puede ser tratándose del pequeño ataúd de algo que murió de muerte violenta. En la sección carnicería del híper no acaban de desaparecer del todo los rastros de sangre, los detectamos, pero los obviamos.
La novela se divide en tres partes: El hallazgo, Localización de exteriores y Éxodo. Comienza con la aparición de unos cadáveres en el pantano, continúa con la historia de Esteban y termina con... No voy a desvelar cómo termina. Su protagonista es Esteban, un carpintero de setenta años que tiene que cerrar su negocio por una serie de razones que él mismo explica, que cuenta cómo ha llegado hasta ahí: solo, soltero, cuidando a su padre, un enfermo terminal de noventa años, viviendo en el pueblo una vida aburrida de la que no ha querido o podido escapar. Varios personajes aparecen en el relato, como Francisco, Liliana, el tío Ramón, Pedrós, Leonor, Justino, Álvaro, Julio, Ahmed, etc. A destacar el homenaje que hace a las Coplas de Jorge Manrique en la parte final, Éxodo, desarrollando el tópico del UBI SUNT. Lectura imprescindible.
El sábado falleció el escritor valenciano Rafael Chirbes, autor de En la orilla y Crematorio, ganador del Premio Nacional de la Crítica 2007 y 2014[Leer más].
Este museo tiene su sede en Praga, lugar de nacimiento de este famoso escritor. A él se accede a través de una pequeña plaza en la que se encuentran las esculturas de dos hombres orinando en una fuente, que son obra del polémico escultor checo David Cerný, y de una enorme K que simboliza el nombre de la exposición que el edificio acoge en su interior, La ciudad de K [Leer más]:
Esta exposición fue preparada por el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) y fue mostrada en esa ciudad en 1999, luego en el Museo Judío de Nueva York, para luego llegar a Praga en 2005.
Es bien conocida la relación tan especial entre la ciudad de Praga y Kafka, tan bien reflejada en su obra. La exposición se estructura en dos partes bien diferenciadas: Espacio existencial y Topografía imaginaria.
En el Espacio existencial se intenta mostrar cómo la ciudad influyó sobre Kafka y afectó su vida. En un lugar cerrado y oscuro se proyectan imágenes de la ciudad que se van deformando poco a poco consiguiendo crear una atmósfera que resulta agobiante para el visitante, que llega a sentirse de la misma forma en que se siente el lector cuando lee El Proceso o La Metamorfosis.
En Topografía imaginaria se aborda la manera en que Kafka describe la ciudad sin mencionar nombres de los lugares que describe en sus novelas y cuentos. En un ambiente sombrío y con un fondo musical creado especialmente para la muestra, se expone la mayor parte de la primera edición de sus obras, una cierta cantidad de cartas, diarios, manuscritos, fotografías, dibujos y audiovisuales.
Me llamaron poderosamente la atención el inmenso fichero que llena la planta baja y que simboliza el peso de la burocracia en la sociedad, y algunas de las afirmaciones del autor sobre su infancia -el camino que hacía con la cocinera hasta la escuela y cómo lo llamaba ésta- y sobre las contradicciones que conformaron su personalidad, contra las que tenía que luchar para intentar mantenerse a flote: el judaísmo, la abogacía, la literatura... He recogido como texto permanente de este blog estas bellas palabras que figuran en uno de los carteles explicativos de la exposición:
"I am nothing but literature and can and want to be nothing else", Diaries.
El título de este emotivo relato proviene de unos versos del poeta extremeño Ángel Campos Pámpano que, según la propia autora "condensan el sentir de esta novela" y dicen así:
Mientras pueda pensarte
no habrá olvido
También señala la autora que se inspiró en un hecho real para diseñar la trama principal de su novela: el de dos amigos que supieron que sus padres los compraron a plazos. Pero esta obra es mucho más, ya que los personajes que desfilan por sus páginas son personajes redondos, personajes que evolucionan a medida que se desarrolla la historia que, como vemos, trata un tema de plena actualidad en la sociedad española: el robo de niños, de recién nacidos que fueron hurtados a sus madres a las que decían que habían fallecido, para entregárselos -previo pago- a parejas que no podían tenerlos y que elegían esta vía, más rápida que la adopción legal, para llenar este vacío. Inma Chacón estructura el relato en tres partes y lo cuenta desde varios puntos de vista, según el papel que desempeñan los personajes en él: María Dolores, que utiliza la segunda persona porque se dirige a un juez, Carlos, José Luis... Para ello emplea diversas técnicas (anticipaciones, retrospecciones), y sitúa los hechos en momentos históricos -la sublevación de los rebeldes que dio lugar a la guerra civil, la posguerra, la década de los 60, el 23 de febrero de 1981, los años 90- y en lugares concretos, como Valladolid y Valencia, consiguiendo ambientarlos de manera muy eficiente (sirva de ejemplo la recreación que hace del mundo de las viñas). Son dignos de destacar la maldad de algunos personajes y la tenacidad de otros. El lector se va dejando llevar y se sorprende con el cariz que van tomando los acontecimientos, que son perfectamente dosificados por el buen hacer de la autora. Una novela muy bien construida y muy bien contada, con un estilo apropiado y con una gran labor de documentación detrás. Apuntar como anécdota que en más de una ocasión vi el programa de Televisión Española de los años 90 dedicado a la búsqueda de desaparecidos, que aparece en ella y que fue líder de audiencia: Quién sabe dónde.
Me ha gustado especialmente este fragmento en el que Carlos reflexiona sobre la muerte:
Yo ya había visto la cara de la muerte. La conocía bien. Pero todavía no me había enfrentado a su lado más cruel, ese que se lleva una parte de ti mismo y te envuelve en un vacío que no puede volver a llenarse. El que te obliga a reprocharte las cosas que se quedaron por hacer; lo que no dijiste; lo que no deberías haber dicho; y lo que se dio por entendido pero nunca salió de tu boca.
Novela de lectura muy recomendable, como otra de la misma autora que hemos comentado en este blog: Tiempo de arena.