Título: Comerás flores
Autora: Lucía Solla Sobral
Editorial: Libros del Asteroide
Fecha de publicación original: septiembre de 2025
Número de páginas: 248
Llegué a este libro a través de los medios de comunicación y de las redes sociales. A pesar de haber recibido el Premio Ojo Crítico de Narrativa 2025, el Premio Cálamo al Libro del Año 2025 y haber sido finalista del XXI Premio Dulce Chacón 2026 en la categoría de Narrativa Española, ha llegado a recibir críticas muy positivas y muy negativas, casi feroces podríamos decir. Todo ello suscitó mi interés por leerlo y, la verdad, es que me ha gustado mucho.
No entiendo que se le achaque superficialidad, ya que retrata una situación vivida por una chica de hoy en día, inmersa en una sociedad tan superficial como la que nos rodea, en la que nunca se va al fondo de las cosas, sino a lo que muestran las redes sociales; y tampoco entiendo que se tilde a este relato de "novela para adolescentes" por su "baja dificultad", olvidándose de que la buena literatura no tiene por qué ser difícil de leer si está escrita con una técnica y un lenguaje aparentemente sencillos que, en realidad, no lo son, radicando ahí, precisamente, su valor. Además de estar perfectamente integrados la manera de contar con lo que nos quiere transmitir -no podemos olvidar que la protagonista mezcla temas, sensaciones y recuerdos en un momento emocional especialmente duro para ella-, el lenguaje utilizado es poético y sutil y el relato se va complicando a medida que avanza: lo que en principio parece una relación tóxica entre un cuarentón y una veinteañera, termina convirtiéndose en una auténtica pesadilla para la joven que le llega a provocar bulimia.
El argumento gira en torno a Marina, una joven de 25 años que no ha resuelto el duelo por la muerte de su padre, que se enamora de Jaime, un hombre veinte años mayor que ella. Marina, recién graduada, independizada de su familia, con un grupo de amigos con el que sale y se divierte, que trabaja en precario y ha mantenido relaciones de pareja aburridas, cree encontrar el amor de su vida en Jaime, un hombre mayor que dice haber conocido a su padre, triunfador, divorciado y con una hija, Jimena, de la misma edad que ella. Tras un breve período de tiempo, Marina se traslada a vivir con Jaime a la casa de este -la casa más bonita que ella ha visto- en la que cree que va a encontrar la felicidad. Pero las cosas se van torciendo poco a poco: Jaime la separa de sus amigos, especialmente de Diana, su íntima amiga, que ve que este hombre no le conviene; la deslumbra con su soltura y con su poderío económico; le cambia su manera de vestir, regalándole ropa de talla grande; le modifica sus gustos gastronómicos (ella es vegana y él la obliga a comer carne); pone música de su exclusivo gusto en la casa; le censura sus salidas y entradas; le afea su comportamiento... llegándola a anular del todo con un sádico y calculado sistema de silencios, abandonos, gritos, portazos y velocidad de conducción desmedida. Ella lo sufre en silencio y su organismo estalla, hasta que un episodio agresivo de Jaime le hace ver que ya no puede más.
Hay pasajes muy hermosos, como aquellos en los que recuerda a su padre y uno que me ha llamado especialmente la atención: aquel en el que no es capaz de encontrar el momento más feliz de su vida. El ritmo de la narración es ágil, el lenguaje empleado es poético y los personajes están muy bien definidos. Los temas tratados son universales: el amor, el duelo, la violencia de género -en este caso psicológica y luz de gas-, la amistad, la familia, la independencia emocional; y su tratamiento refleja el mundo que estamos viviendo. Lectura muy recomendable.


.jpg)






.jpg)