07 julio 2026

Reseña de "La ciudad de las luces muertas" de David Uclés


Título: La ciudad de las luces muertas

Autor: David Uclés

Editorial: Destino

Fecha de publicación original: 4 de febrero de 2026 

Número de páginas: 288 

Me acerqué a esta obra porque me gustó mucho la anterior novela de su autor, La península de las casas vacías, y presentía que esta también me iba a gustar. Así ha sido, la imaginación desbordante de David Uclés sorprende y agrada al lector, captando su atención de principio a fin. Además, este joven escritor ha realizado una importante labor de documentación en la residencia que llevó a cabo en Barcelona, fruto de una beca, para poder escribir esta obra. Me ha resultado muy hermoso el hecho de que la ganadora de la primera edición del Premio Nadal -mi admirada Carmen Laforet- desempeñe un papel protagonista en la novela ganadora del Premio Nadal 2026.

Según reveló en la presentación del libro en un acto celebrado en la Fundación Telefónica, a la pregunta de Susana Santaolalla de con qué le gustaría que los lectores se quedasen de la lectura de esta obra, tres son los objetivos que quiere conseguir el autor con ella: evadir al lector, que con su libro el lector viaje a otro mundo, que pueda soñar con los ojos abiertos; que pueda recorrer todas las Barcelonas que ha habido a lo largo de la historia; y que se recupere la memoria literaria de la ciudad.

La trama gira en torno a una oscuridad inmensa que se apodera de Barcelona y a cómo los intelectuales de distintas épocas y ámbitos -cerca de cien- se unen para vencerla y recuperar la luz. Se trata de una novela coral con un prólogo protagonizado por Carlos Ruiz Zafón. A lo largo del relato figuran escritores, actores, pintores, músicos, arquitectos, textos relacionados con la capital catalana y lugares emblemáticos de la misma: fragmentos de NadaÚltimas tardes con Teresa o Mediterráneo; Dolors Monserdá, Vázquez Montalbán, Montserrat Roig, Mercé Rodoreda, García Márquez, Vargas Llosa -que protagoniza uno de los momentos más divertidos al ser sometido voluntariamente a una operación para que le cambien el corazón del lado izquierdo al derecho-, Cortázar, Antonio Gaudí, Picasso, Santiago Rusiñol, Montserrat Caballé, Nuria Espert, Pau Casals, Rosalía; La Catedral, las Ramblas o el café-restaurante Els Quatre Cats, en el que se reúnen Margarita Xirgu, Woody Allen, Fermín Cacho, Dalí, y Ramón Casas para tomar medidas y ordenar el caos ocasionado por el apagón.

El realismo mágico o realismo uclesiano que fluye en la novela ya lo habíamos disfrutado en La península de las casas vacías y algunos elementos presentes en aquella se repiten (el bibliobús, por ejemplo) en una especie de guiño cómplice al lector, que en esta ocasión se ve desbordado ante tanto personaje que aparece en el relato sin otro hilo conductor que el esfuerzo común -cada cual ofrece lo que puede- cuyo fin es acabar con la oscuridad, que bien pudiera ser una metáfora del fascismo que nos amenaza. Todo ello visto con humor e ironía, pero con una clara intención: la de hacer ver que la cultura y el arte con su consecuente espíritu crítico son los únicos capaces de hacer frente a la oscuridad. En el estilo empleado observamos influencias evidentes de Gabriel García Márquez, pero también de Eduardo Mendoza y Carlos Ruiz Zafón. El ritmo es trepidante y el carácter teatral de la obra queda reforzado por la Dramatis personae (lista de personajes) que encabeza cada uno de los 24 capítulos en que se estructura.

Me ha emocionado la evolución de Carmen Laforet a lo largo de la obra, de joven escritora a anciana desmemoriada, y sus últimas palabras, aquellas que realmente escribió cuando la enfermedad había causado estragos en ella: Uno...única. Lectura muy recomendable.

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